El gran debate: ¿Cómo se limpia la Planchetta? 🧼
Si armás una mesa con diez fanáticos de la cocina, vas a encontrar diez formas distintas de limpiar las cosas. Pero con la planchetta se arma la verdadera grieta. En el mundillo de los "planchetteros de ley" vas a encontrar dos escuelas hiper marcadas, y acá te cuento las dos para que elijas tu propio camino.
Escuela 1: Los fundamentalistas del “no detergente”
Están los que te juran por lo más sagrado que la planchetta jamás de los jamases tiene que tocar el detergente ni la esponja de metal. ¿Cómo hacen? Terminan de cocinar y, aprovechando que la planchetta todavía está caliente, le tiran un chorro de agua de la canilla. El choque térmico hace que toda la grasa y los restos de comida salten solos (se desglasa, técnicamente). Después le pasan la espátula para sacar lo que quede, le mandan un papelito de cocina, y adentro. Te dicen que esa grasita invisible que le queda protege el hierro y hace que la planchetta se ponga mejor y más antiadherente con los años.
Escuela 2: Mi vereda (y por qué prefiero el detergente)
Ahora, si me preguntás a mí… yo juego en la otra vereda. Todo bien con la mística del “curado eterno”, pero en mi experiencia personal, eso de dejar las cosas guardadas “apenas engrasadas” en la alacena no me va ni un poco. Me da la sensación de que junta olor, de que se le pega la tierra o que si la dejo de usar un par de semanas se pone rancia. A mí me gusta el olor a limpio y ver las cosas impecables.
Por eso, yo sí le paso una esponjita suave con un toque de detergente, sobre todo si cociné algo muy pesado como achuras o hamburguesas hiper grasosas. La lavo bien, le saco todo y me quedo tranquilo. Al final del día, es un gusto personal y las dos opciones son válidas siempre y cuando cumplas la regla de oro.
La regla de oro que NO es negociable (atento acá)
Vayas por el camino de la Escuela 1 o de la Escuela 2, hay un enemigo mortal que es común para todos: la humedad es la criptonita del hierro.
⚠️ Grabátelo a fuego: Jamás dejes la planchetta secándose en el escurridor al aire libre, ni la dejes con gotitas de agua de un día para el otro. Si hacés eso, mañana te despertás y vas a encontrar una mancha naranja de óxido espantosa.
Terminás de limpiarla, le pasás un trapo seco inmediatamente y, el mejor truco de todos: ponela un minutito a la hornalla prendida. Con ese golpe de calor te asegurás de que cualquier rastro de humedad invisible se evapore por completo. Si querés, antes de guardarla en la bolsa, le pasás un papelito con una micro gotita de aceite para dejarla protegida, y te olvidás.
Comentarios